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ISSN 1989-4163

NUMERO 41 - MARZO 2013

Mescolanza

Carmen Maixé

Las mejores cosas surgen de mezclas inesperadas, sorprendentes y gloriosas. Hablan las sencillas recetas culinarias que parieron sabores grandiosos para la historia: el gazpacho o la mayonesa.

¿Estamos preparados para sorprendernos? Parece que no, cuando la última tendencia es, ahorro mental, el dispendio crematístico y el endeudamiento. En el arte contable parece que hay una regla eterna y clara: unos pocos ganan, los demás aguantan, ¡extraño balance! Una madre economía cegata pero mandona. Se han atascado las neuronas. Al parecer que funcionen y se muevan nunca ha sido bueno, hoy el horizonte más lejano es el cajero de la esquina.

De mezclas y revoltijos quisiera que fuera el asunto. Tenemos el equipaje lleno, lo dejamos en consigna y a esperar. Que alguien nos llevará de la mano y de paso que nos entretenga.

No nos atrevemos a añadir nada a la masa ¡No vaya a ser que se descomponga! Para seguir tenemos que crear nuevas formulas. Si no juntamos visiones extrañas a la nuestra, las amasamos y esperamos a que fermente lo nuevo ¿Cómo podríamos avanzar? Todos dicen que ya hemos llegado y para desplazarnos por el paraíso, las nuevas tecnologías; nuevas, solo ellas porque nosotros somos ya viejos, el mundo, el nuestro, se nos muere.

Así el arte se ha conchabado igualmente, quizás no es una farsa: imita a la vida y ésta al arte ¿Que más da? ¿Por qué sino este siglo de discurso homogéneo, idéntico y perenne? Estamos en vanguardia permanente, sin pasado no puedes tener nada enfrente, solo el agujero insalvable del presente.

Versar sobre lo original y rompedor para matar el aburrimiento y lo único que se consigue es ir a gran velocidad, a la carrera y sin freno. Original fue el pecado y ya vemos que de eso corrió un tiempo. Necesitamos mover la cabeza, para ello los pies y encontrar la mirada, otra que nos saque del delirio presente ¿Porqué romper? siempre como certificado de lo nuevo. Mentira, tragamos sin masticar y ni siquiera servimos de fertilizante para la tierra, antes al contrario, nos envenenamos con ella.

Si las civilizaciones aprovecharon las ruinas, no sin destruir previamente; ahora construimos destruyendo y ni siquiera comenzamos de nuevo. El arte a fuerza de romper, enganchado y atrapado en lo mismo de siempre, no puede mirar ni detrás ni delante, luego estamos en un estado infantil inmutable, de degradación, senil a fin de cuentas; porque cortar de un tajo el futuro, desconectado del pasado, es el Alzheimer que expresa lo que estaba vivo antes y ahora se desvanece.

La celebración y la fiesta es hoy un tiempo ni sagrado ni profano; es “contante y sonante” convertido en divisa, en feria comercial: la de las grandes áreas, los productos en hileras: ropa, comida, multimedia, botellones, emociones fuertes enlatadas, es decir todas los actos suicidas debidamente traducidos al inglés y por ende acabados en “ing”

¡Total que nos robaron el tiempo y nadie pagó por ello!

 

 

Araña

 

 

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